Una decisión de otro planeta

Descanse en paz Carrero Blanco, repose tranquila la Audiencia Nacional

 

 

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La decisión de la Audiencia Nacional de condenar a un año de cárcel a Cassandra por sus textos sobre Carrero Blanco es digna de otro planeta, o al menos una realidad alternativa. Vivimos gobernados por presuntos delincuente y confirmados mentirosos.

El día que Messi debía presentarse en los juzgados había cientos de personas esperándolo, no con tridentes, tomates y antorchas; sino con pancartas de apoyo, camisetas y póster para firmar. En el ir y venir de informativos podíamos encontrar a padres que habían sacado a sus hijos del colegio para poder ver a su ídolo. ¿Esta bien, mal? ¿Quién soy yo para juzgarlo? Pero hoy se juzgaban nuestras libertades y esta vez no había cientos de personas para defenderlas o vitorearlas. ¿Nos hemos acostumbrado de tal forma a que nos pisoteen, que ya no sentimos el dolor? O quizás sea porque ahora si nos juntamos para defender una causa, por noble que sea, es posible que acabemos multados y juzgados.

Un sabio hombre de nacionalidad argentina, cuando España estaba en los albores de la crisis económica, que hoy nos gobierna, me dijo: -lo que vosotros llamáis crisis es lo cotidiano en Argentina, en nuestro país hemos tenido que aprender a reírnos de nosotros mismos, para no matarnos los unos a los otros-.

Cuando no nos queda nada, cuando sólo nos consuela el derecho al pataleo y ese humor nuestro tan latino, tan español, tan castizo de reírnos de cualquier cosa, por grabe o disparatada que pueda ser. Ese humor para entender los devenires del rey, los sobres, los sobornos los 3, los 4 o los 5% los cambios de fiscales, de jueces, la reforma laboral, la crisis, los yo no se nada o esas cosas las llevaba mi marido. Ese derecho tan nuestro como el tiempo que nos queda, ese derecho de todos a reír cuando uno no le falta de nada, pero sobre todo, cuando uno no tiene otra cosa más que su ingenio, sus argucias, su sarcasmo, su ironía. La sangre de Cervantes, de Quevedo, de Larra o de Lope.

Como Unamuno sacando de sus casillas Millan Astray. Así hoy debimos nosotros presentarnos ante el Congreso con nuestros tridentes y antorchas a protestar de forma pacifica, pero con mucho humor en la puerta del congreso por lo que estaba sucediendo… ah! No!, perdón… que ahora protestar en la puerta del congreso implica multas y penas de cárcel. Pero mentir, robar, falsificar, manipular o estafar, es aceptado, porque es costumbre nacional, si se hace de puertas para adentro.

Al final vamos a una deriva muy peligrosa, como dicen en los manuales, la prensa no decide lo que se habla, pero sí sobre que se habla. Si limitamos la libertad de expresión, limitamos la capacidad de creación, reducimos el campo de pensamiento y nos convertimos en pálidos y monótonos elementos de una sociedad numérica. “No se vale” mal interpretar, no todo vale, pero para ninguno de los dos lados.

Pues con una sonrisa de oreja a oreja, con más sarcasmo que ira y más convicción que Colón, el pueblo español no merece una ley que digna regímenes totalitarios y sustentada en crear una vida más cómoda para aquellos que osan robarnos y mentirnos.

Mundo Impar

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